Un nuevo estudio realizado por la Universidad de Lleida en Cataluña, España, revela que el impacto de las olas de calor en el trigo varía significativamente según el momento en que ocurren. La investigación destaca que los episodios de calor intenso previos a la floración son los más perjudiciales para el rendimiento de este cereal. Sin embargo, se ha observado un fenómeno intrigante: una primera exposición a altas temperaturas puede inducir una respuesta de resistencia en las plantas, atenuando los efectos de un segundo evento de calor.
Detalles clave del estudio sobre el trigo y las olas de calor
El estudio, publicado en el prestigioso Journal of Experimental Botany, examinó cómo la intensidad, la frecuencia y el momento de las olas de calor influyen en el desarrollo del trigo. Los resultados sugieren que no es suficiente considerar solo la temperatura máxima; la fase de crecimiento de la planta durante el estrés térmico es un factor crítico que determina el daño final en la cosecha.
Los investigadores llevaron a cabo experimentos de campo durante dos temporadas, utilizando dos variedades modernas de trigo con distintas estrategias de rendimiento. A pesar de estas diferencias genéticas, ambas variedades mostraron una respuesta similar a los tratamientos térmicos. Para simular las olas de calor, se cultivó el trigo en estructuras transparentes que elevaban la temperatura, replicando un efecto invernadero. Esta metodología permitió estandarizar la carga térmica antes y después de la floración, facilitando una comparación precisa de las consecuencias en diferentes etapas del ciclo de cultivo.
La investigación también refuerza observaciones previas en sistemas agrícolas europeos, donde análisis de más de 35 años han indicado que el aumento de las temperaturas y la sequía están reduciendo el rendimiento del trigo en regiones de Alemania, a pesar de los avances en mejoramiento genético y manejo agronómico.
Un hallazgo crucial fue la diferenciación de los tipos de daño. Cuando una ola de calor ocurría antes de la floración, la principal consecuencia era una disminución en el número de granos que la planta podía producir. Por el contrario, el estrés térmico posterior a la floración afectaba principalmente el peso de esos granos. Esta distinción es fundamental para comprender por qué el momento del evento extremo altera su impacto en el rendimiento. Durante las primeras etapas reproductivas, se establecen componentes esenciales de la cosecha, y cualquier perturbación térmica en este periodo puede limitar drásticamente la cantidad de grano disponible.
Además, la vulnerabilidad del trigo no se limita al calor diurno; estudios anteriores han demostrado que el aumento de las temperaturas nocturnas también puede reducir el rendimiento, incluso en variedades seleccionadas por su tolerancia al calor diurno.
El resultado más sorprendente del estudio fue el efecto de "priming" o preparación fisiológica. Las plantas de trigo que experimentaron una ola de calor antes de la floración mostraron una mayor resistencia a un segundo episodio de calor después de esta etapa. Esto sugiere que una primera exposición al estrés puede activar mecanismos de defensa que preparan a la planta para futuros desafíos. Aunque este primer episodio ya reduce el rendimiento, su importancia radica en que modifica la respuesta subsiguiente de la planta, un fenómeno que no se había observado en condiciones de campo hasta ahora, según Gustavo Slafer, coautor del estudio.
Reflexiones sobre la adaptación agrícola y la predicción de cosechas
Los resultados de esta investigación tienen profundas implicaciones para la agricultura moderna. Subrayan la necesidad de proteger el trigo durante sus etapas reproductivas más sensibles, especialmente alrededor de la floración. Las estrategias de adaptación más efectivas serán aquellas que logren reducir la exposición del cultivo a temperaturas extremas en estos periodos críticos.
El mejoramiento genético sigue siendo una vía fundamental para desarrollar variedades de trigo más resistentes al estrés térmico. Sin embargo, el cambio climático, con sus patrones más cálidos e impredecibles, presenta un desafío constante para la creación de líneas de trigo de alto rendimiento y amplia adaptación.
Asimismo, el manejo hídrico, cuando las condiciones lo permiten, puede ofrecer una herramienta valiosa. Experiencias en regiones áridas han demostrado que el riego suplementario, combinado con variedades adecuadas y ajustes en las fechas de siembra, puede mejorar significativamente la producción de trigo en condiciones climáticas adversas.
El estudio también destaca una complejidad adicional para los modelos de predicción de rendimiento agrícola. La interacción entre múltiples episodios de calor implica que los daños no pueden simplemente sumarse. Si las olas de calor se vuelven más frecuentes, intensas o prolongadas, será crucial considerar no solo la cantidad de eventos, sino su secuencia y su coincidencia con las distintas fases fenológicas del trigo. Esta sensibilidad del mercado ya se ha manifestado, como se vio en el verano de 2026, cuando una fuerte ola de calor en Europa generó preocupación por el rendimiento y la calidad del trigo, impactando los precios.
Finalmente, los investigadores sugieren que estos hallazgos podrían ser relevantes para otros cereales de clima templado, como la cebada, la avena y el centeno, aunque los umbrales de temperatura y la sensibilidad de cada fase de desarrollo pueden variar. En un futuro con eventos climáticos extremos más habituales, entender el calendario de las olas de calor será tan vital como su intensidad para anticipar el comportamiento de los cultivos.